Por primera vez, el hijo de un torturador habla. A los 16 años trabajó en el Área de Inteligencia del Ejército. Hoy vive aislado, lejos de su familia. Los antiguos compañeros de su padre lo consideran un traidor y los organismos de derechos humanos lo observan con desconfianza. Su único refugio es una pequeña casa en un barrio popular, donde vive con su esposa bielorrusa, rodeado de gatos y perros que protege como si fueran sus propios hijos.