Después de más de dos décadas como ejecutivo en una gran multinacional, Hugo Vaca (55) es despedido sin indemnización y debe enfrentarse a la dura realidad que el mercado laboral le ofrece: con 55 años es considerado viejo para reinsertarse laboralmente en alguna empresa, pero es aún muy joven para acceder a una jubilación. Sus ingresos económicos caen rápidamente, sus ahorros se agotan y su estatus social comienza a desmoronarse. Sin trabajo, sin dinero y con un nivel de vida alto a cubrir, Hugo se ve obligado a achicar sus gastos y comenzar a trabajar de lo que encuentre, sea en un Uber o haciendo changas. A borde de la desesperación, por medio de un amigo conecta con un grupo de inversores que ofrecen comprarle su casa valuada en 1 millón de dólares al 50% de su valor, pero con derecho a usufructo, es decir que Hugo tendrá el beneficio de vivir en su casa hasta que muera. Hugo considera fuertemente la oferta, pero duda de la confiabilidad de estos empresarios. Acorralado por su realidad, Hugo finalmente acepta la oferta, pero las cosas terminan complicándose mucho, mucho más de lo que él creía.